Sabíamos que teníamos un partido muy complicado en Madrid. Sabíamos que el
Atlético de Madrid había ganado todos los partidos de Liga disputados en su
estadio. Sabíamos que nos enfrentábamos al 2º de la Liga. Pero sabiendo todo
esto, los aficionados del RCD Espanyol éramos optimistas con el partido. No
pudo ser. Tuvimos una gran oportunidad de puntuar en el Calderón, pero no se vio
el equipo de los últimos partidos.
El partido fue muy feo. No hubo rapidez en el juego y las ocasiones de gol
brillaban por su ausencia. El juego era tosco, y las tarjetas amarillas no
dejaban de salir del bolsillo del árbitro. Viendo los primeros minutos, se veía
claro que el partido se decidiría en una jugada aislada. En este caso fue un
penalty dudoso, que Falcao se encargó de transformar, en lo que significaría el
resultado final de 1-0.
Solo era un gol de diferencia, pero el RCD Espanyol no daba síntomas de
poder remontar ese marcador. El árbitro intentó poner de su parte y expulsó en
el último minuto de la 1ª parte a un jugador del Atlético de Madrid, y parecía
que la segunda parte podía ser un poco diferente.
Nada más lejos de la realidad. El RCD Espanyol no parecía jugar con un
jugador más. No conseguía llegar al área rival, y si no chutas, es imposible
marcar un gol. Javier Aguirre introdujo los cambios de rigor, pero no se vio
ninguna mejoría. El Atlético pudo sentenciar, pero Kiko Casilla tuvo unas
intervenciones de mérito para no recibir más goles.
Segunda derrota desde que Javier Aguirre se hizo cargo del RCD Espanyol. Las
2 derrotas han sido contra los 2 primeros, así que tampoco podemos decir mucho.
Es verdad que en los 2 partidos el equipo no corrió como en otros, pero también
hay que valorar que estos 2 equipos están en lo más alto de la clasificación
por alguna cosa. Es un partido que se podía perder, y tampoco hay que volver al
pesimismo. Estamos muy por encima de los puestos de descenso, y ahora volvemos
a tener partidos para ganar.